Como dice el dicho: "la victoria tiene muchos padres, la derrota es huérfana".
Pero, la verdad sea dicha, el hecho de que cada interlocutor del diálogo sobre la C.S.S. alegue éxito nos da una lección objetiva que debe ser tenida muy en cuenta: que, en las condiciones históricas concretas de nuestra nación ante los problemas comunes, sólo la convergencia puede allanarnos un camino constructivo, donde la comunidad nacional -compuesta por una diversidad de intereses contradictorios- puede encontrar un lenguaje apropiado para crear una voluntad concertada ante cada problema concreto a resolver.
No se trata de la visión ecléctica y oportunista, donde no hay vencidos ni vencedores. Pues, al describir el diálogo, tenemos que aceptar que se logró un acuerdo concertado, donde todas las partes dicen estar expresadas en alguna medida. Pero, lo que no puede afirmar ningún participante es que su victoria ha sido absoluta. Otra cosa distinta es la valoración del acuerdo, de si es malo o es bueno. Es incontrastable, por lo evidente, que ha habido una concertación pluralista en los acuerdos finales pero, a la vez, concomitantemente, cada participante conserva diferencias, unas grandes y hasta de principios, y otras medianas y pequeñas. El espíritu del acuerdo concertado tiene por contenido un acuerdo mixto, que combina el carácter de reparto que ha existido en la C.S.S. con la propiedad personal o cuenta personal. En otras palabras, es un modelo mixto compuesto por una propiedad colectiva y una propiedad personal o individual. En esta ecuación estructural esta excluida la propiedad privada.
Sin embargo, lo importante de dicha concertación es su perspectiva política en el marco de los grandes problemas nacionales y sus respectivas tareas.
En el caso del gobierno de “Patria Nueva”, si bien se considera victorioso por los resultados del diálogo, debemos señalar que su apreciación es unilateral y acomodaticia. Pues, omite el hecho de que su método original -de imponer las cosas desde arriba, de manera arbitraria y a ”cualquier costo político”- fue flagrantemente derrotado por los de abajo, convocados bajo el liderazgo de Frenadesso. Cierto es que “Patria Nueva” se recuperó en el diálogo, pero esto se dio por los errores de apreciación de la contraparte, que no supo percibir que había ganado la ofensiva y que cuando se logra la ofensiva esta no se debe detener, pues le damos aire al contrincante. Por otro lado, la contra ofensiva de “Patria Nueva” en el diálogo no se dio por su fortaleza -ya que esta sigue siendo una fuerza débil políticamente en un proceso de agudización-, sino porque Frenadesso perdió el ritmo de la lucha, pues no entendió debidamente que el llamado del Presidente Martín al diálogo de concertación y a la suspensión de la ley 17 era una derrota del gobierno de Patria Nueva y una victoria neta de las masas que el Frente comandaba produciéndose, objetivamente, un viraje que ponía a sus fuerzas en la ofensiva política correspondiente. Sin embargo, Frenadesso hizo lo contrario y se replegó con argumentos formales, dejándole ese espacio al gobierno, lo que les permitió retomar la ofensiva en el marco de la organización y desarrollo del diálogo.
El desenlace final del diálogo puede convertírsele al Gobierno en una victoria pírrica, si no ha aprendido la lección de la concertación y piensa seguir gobernando metido en los zapatos de la vieja oligarquía. Los métodos tipificados por “Patria Nueva” en la presente situación, son los de tomar acuerdos esenciales en cúpulas -siguiendo la inercia del pasado-, con prescindencia de la opinión pública y, sobre todo, de los trabajadores. Pero, mal hace esa alianza gubernamental al ignorar que también las masas aprenden de sus propias experiencias y que, en la reciente lucha, una que no va olvidar -por el contrario la va asimilar- es que la ofensiva desde abajo es una conquista y que cuando se obtiene debe continuarla y profundizarla, sin darle tregua al adversario, hasta conseguir la solución que originó el problema.
La situación transcurrida relacionada con la C.S.S. es un ingrediente de la crisis del sistema panameño. La crisis del sistema social panameño, integrado por diversas partes o frentes, significa que todas sus partes están en crisis. Por lo tanto, la crisis de la C.S.S. es una crisis individual del sistema en la Seguridad Social. No obstante, al lado de esa individualidad hay otras crisis, como: crisis moral (como la corrupción, sobre todo en los poderes de la administración estatal); crisis económica; crisis política; crisis social; crisis cultural, etc., etc. Definimos crisis como descomposición y como desorden. O sea, si el todo esta en desorden es lógico que sus partes estén en desorden. En Panamá el pueblo ya percibe este desorden y por eso reacciona unánimemente con un clamor: “se necesita un cambio”.
Pero, la contundencia de la crisis del sistema social panameño es advertida hasta por los intereses de la reacción internacional encabezada por Bush. Por eso, para la aplicación de sus políticas -como la doctrina de guerra preventiva y a “ultranza” contra el narcotráfico y el “terrorismo”, así como la política de renovación en la globalización de la vieja doctrina imperialista del “Destino Manifiesto”, para edificar un imperio mundial norteamericano-, las crisis de los Estados Nacionales mediatizados son un estorbo ya que afectan las pretensiones hegemónicas norteamericanas. De ahí que exigen de todos sus sirvientes una actitud de obediencia y de absoluta lealtad a sus propósitos y fines. Por lo que, se hace necesario y exigen a los gobiernos lacayos una política y conducta estabilizadora para que no se afecte su estrategia y plan geopolítico. Por eso, Bush declara, cada vez que puede, que el “que no está con él esta contra él”.
Esto último explica el verdadero fondo de la visita -con visos de impertinencia- de Bush a Panamá. Bush esta preocupado porque la crisis social panameña pueda desestabilizar un eslabón estratégico de su doctrina imperial, además de privarlo de utilizar a nuestro país de bisagra en sus grandes aprietos en el ámbito de América Latina. La situación de desorden social en nuestra nación y la incompetencia de los gobernantes de “Patria Nueva” de consolidar su gobernabilidad y lograr credibilidad pública, es un estigma para la política de Bush.
Sin embargo, el juego imperialista en Panamá quedó al descubierto, cuando a unos cuantos días de la visita del Presidente de EE.UU., donde hipócritamente hizo una alta ponderación de la dirección del Estado panameño, irrumpe una declaración del vocero de la Embajada de los E.U. en Panamá, donde comunica la decisión del Departamento de Estado de quitarle la visa a un Magistrado de la Corte Suprema panameña por corrupto. Esto, ni mas ni menos, es una denuncia contra el Estado que Bush cortejó. Este desaguisado diplomático norteamericano, pone de relieve la vileza y el desprecio que el gobierno de Bush siente por el gobierno del Presidente Martín Torrijos, algo que ocultó con sus lisonjas.
La experiencia del diálogo de la C.S.S. pone en la superficie de la realidad objetiva de Panamá que la crisis del sistema no es un invento arbitrario. Allá los que juegan al avestruz, ellos pueden seguir con su sueño de opio. Pero, lo único que conseguirán es que un próximo estallido social adquiera fuerza volcánica, por la indiferencia y por la acumulación de los problemas. El pueblo siente cotidianamente el deterioro general del sistema, pues lo sufre en carne viva y acumula como bomba su inconformidad. En consecuencia, los que dirigen el Estado están ante un dilema o se enmarcan en la realidad histórica de nuestra sociedad -determinada por la necesidad de desarrollar la independencia nacional después de liberar nuestro territorio y el Canal- o se sigue el camino de la sumisión y la indiferencia ante las demandas populares reales y ya urgentes. Dicho de otra manera, o siguen los gobernantes con los métodos gamonalistas tradicionales o realmente se lanzan a impulsar un Estado de Democracia Nacional Pluralista-Participativo, cuyo principal instrumento tiene que ser el diálogo de concertación pluralista con el pueblo. Se ha hecho muy común, en boca de los que mandan desde “Patria Nueva”, invocar el cumplimiento de las leyes cada vez que demandan del pueblo algo por absurdo que sea. Esta muletilla no sería tan trágica sino estuviera en la boca de los que cotidianamente, con mando en sus manos, hacen caso omiso de la lógica histórica de las leyes. Una de esas lógicas es que, las leyes deben ser la expresión consecuente de la voluntad e intereses populares y no de los intereses encaramados. Violar ese principio es lo mismo que hacer uso ilegal de la legalidad.
El orden jurídico que rige nuestra sociedad ya no expresa la demanda popular y es lo que provoca la necesidad de una Constituyente popular que establezca un nuevo orden jurídico que corresponda a la realidad social contemporánea y al desarrollo auténtico del Estado Nacional contemporáneo.
Por el Presidium del Partido del Pueblo,
Rubén D. Souza B.
Coordinador General
Panamá, 10 de diciembre de 2005.
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