Partido del Pueblo
Pronunciamiento
Sobre la Situación PolíticaRasgo principal de la situación
El Partido del Pueblo considera que la situación de nuestro país continúa por un rumbo que va de mal en peor. La percepción que se manifiesta en la inmensa mayoría del pueblo panameño es que los problemas económicos, políticos y sociales y de negación de justicia que está padeciendo, no se le ofrecen verdaderas soluciones por los que tienen la responsabilidad de conducir nuestra nación. Los problemas de pobreza, desempleo, explotación laboral y de falta de desarrollo económico, lejos de sentir verdaderas soluciones lo que impacta son las sucesivas dificultades, el decrecimiento económico y más restricciones en la satisfacción de las necesidades vitales. Parejo a esta situación empeora el uso irracional de los recursos naturales, creando un ambiente de deterioro generalizado.
En el aspecto político lo que se palpa es el desorden de la autoridad política en el funcionamiento de sus instituciones, sobre todo el Poder Judicial que niega la justicia al pueblo; la escandalosa corrupción de sectores de la burocracia y del sector económico corporativo; la marginación irresponsable de los partidos políticos oficialistas y de oposición, de la vida adversa en que se debaten las masas populares, mientras sus motivaciones los mueven desde ya, a la lucha electoral de 2004. Sus dirigentes, enfrascados en luchas internas partidarias, se ufanan, a la vez, en lanzar discursos llenos de promesas y de auto-bombo a un auditorio que para ellos solo tiene valor electoral.
La situación económica y política deteriorada que estamos describiendo lleva directamente a la degradación social. Tras las limitaciones del ingreso fiscal, automáticamente se trastornan los servicios públicos y con ello, el nivel de vida del pueblo se reduce, incrementando este deterioro la salvaje contaminación. Todas estas penalidades que las masas están sufriendo, contrastan más al hacerse evidente los groseros privilegios de la alta burocracia y de los ricos, de sus altos sueldos e ingresos y de la opulencia en que viven. Como consecuencia, esto conduce a una crisis moral generalizada, cuyo perfil es la profundización de la despreciable desigualdad social.
He aquí las características sobresalientes de la situación por la que pasa nuestra comunidad nacional. Se trata de que estamos inmersos en una crisis general del sistema social panameño. No es una crisis cíclica (o temporal), como algunos dicen. Tampoco es una crisis administrativa (ocasionada por un mal gobierno y que su cambio sería la solución). No es una crisis moral (o de mala conducta), como tampoco es una crisis exógena (ocacionada por factores externos, como la actual crisis económica mundial). Son todas estas crisis juntas y que se sintetizan en la “crisis del modelo panameño de desarrollo”, cuya solución está en su reemplazo por otro modelo.Conceptualización de la crisis vs el empirismo
Laprofundidad de esta crisis no puede comprenderse solo con el impacto pernicioso de la mala experiencia cotidiana de los hechos. Limitarse a esa visión y enfoque es desorientar, desinformar y facilitar a los pelechadores y manipuladores de la crisis, para que puedan evitar un desenlace transformador obligado por la realidad.
La sociedad panameña, que sigue la vía de desarrollo capitalista en un país atrasado y con resabios precapitalistas, ha agotado este modelo, pues este ya no funciona. Por tanto, la crisis que padecemos es legítimamente panameña, ya que sus causas están aquí. No obstante, no se puede negar el influjo externo, que acondiciona nuestra crisis general, agravándola.
Al seguir la República de Panamá la vía capitalista de desarrollo en un país atrasado, quedó ubicada en el sistema capitalista mundial. Pero, para nadie es un secreto que ese sistema mundial pasa por una crisis general de existencia. Y lo que es peor, la política neo-liberal, con la cual se ha intentado salvar al sistema capitalista mundial, es un fiasco espectacular y la evidencia de ese fracaso ya no es hipótesis: en este momento es una realidad objetiva y tangible.
La crisis del modelo de desarrollo panameño ha precipitado y elevado a la superficie, la incompatibilidad que hay entre el nuevo rol histórico que ha adquirido la nación panameña y su Estado Nacional, con la recuperación de todo su territorio y la nacionalización del Canal, y la persistencia de viejos paradigmas que predominan en el enfoque nacional e internacional y las prácticas que nos llevan a la disolución, a la anarquía y a la desmoralización del pueblo.Dispersión popular y el espacio de maniobra del viejo poder
Frente al cuadro de crisis que hemos descrito, encontramos un movimiento popular disperso y disgregado. Esta atomización y división del movimiento popular se explica en parte por la existencia en su seno de métodos disgregadores, por el oportunismo de izquierda y por la absolutización del simplismo y del subjetivismo. Todo esto repercute en el debilitamiento de la vanguardia del movimiento social panameño. Esta situación ha generado frustración y abierto espacio a la maniobra del viejo poder. El reto está en que si continuamos por este camino estaríamos produciendo el desgaste de las fuerzas populares, que sin perspectivas y con la práctica de acciones por acciones, las protestas quedarían al margen del objetivo que conduzca a un cambio de correlación de fuerza hacia su favor. Pero, para esto hay que empujar a la realización de acciones politizadas de masas politizadas, y esto no se logra expontáneamente sino que debe ser el resultado de un trabajo consciente y organizado de las vanguardias. El otro peligro que nos amenaza si no superamos estos déficits es el oportunismo de derecha, que toma la forma de la provocación de las masas y que las induce a acciones contestatarias de luces cortas y desesperadas para empujarlas al margen de la ley para luego reprimirlas, acondicionando la situación política hacia una fascitización del Estado.
Fase de confrontación social en la crisis
Para superar esos déficits, los sectores revolucionarios más esclarecidos tienen que disponerse a depurar todas las tendencias oportunistas que inciden y a la vez resolver algunas tareas programáticas que se le plantean al movimiento popular, necesarias para superar la crisis que vive nuestro país y de la que hemos estado hablando. Entre estas tareas tenemos la elaboración de la táctica para el conjunto del movimiento popular, para el actual momento. Otra de las tareas, también importante, es la unificación del movimiento popular bajo la dirección de una vanguardia unificada, que sea representativa. Finalmente, para superar la crisis los miembros del Partido del Pueblo debemos hacer los esfuerzos que correspondan para unificar las acciones concretas del movimiento popular y la unidad de las izquierdas, para superar la dispersión existente en dicho movimiento y en particular en las izquierdas. En otras palabras, debemos aspirar a trabajar como los Frentes Únicos, que significan la unificación de las fuerzas en un momento específico, en una sola acción determinada y común, para el logro de un solo y único objetivo en un momento determinado. En resumen, el movimiento popular tiene que prepararse para la confrontación frente a los que están conduciendo la nave de la nación hacia el abismo y hacia su destrucción.
El dilema de la crisis
La crisis de carácter sistémica del modelo capitalista que hemos señalado, no nos exime de la búsqueda de las respuestas nacionales y populares que permitirán contener y revertir sus efectos en el ámbito local, mientras se operan cambios trascendentes en el contexto internacional.
Para ello debemos encarar el manejo parcializado y obsoleto de los efectos locales de la crisis denunciando sus limitaciones, es decir cuestionar la tendencia en el movimiento popular a concentrarse en situaciones específicas transitorias con la cual se pierde la visión del bosque por detenerse en el árbol y situación que genera ilusiones en la bondad del sistema que pretende adversar, entorpeciendo una legítima solución revolucionaria. Por ejemplo, las ilusiones que aparecieron en las últimas huelgas bananeras, en la lucha contra el aumento de la tarifa del pasaje y en el aumento del salario mínimo a B1500. No es que propongamos a los revolucionarios rehusar el afrontamiento de problemas particulares, por cuanto que ellos nos ofrecen una oportunidad táctica de verdadera ligazón con el sentir de la población, porque permite por su propia práctica asimilar en todo momento la identificación de esas situaciones parciales y su vinculación con el marco general que las determina.
Cada fragmento de la realidad tratado aisladamente constituye un universo de maniobras políticas en donde surgen cacicazgos, caudillismos y otros rasgos políticos inconvenientes, que se sostienen sobre la base de las ilusiones engendradas por esa particular movilización. Las demandas reivindicativas, si se formulan aisladas son un espejismo del poder real que aún no tenemos. Las ilusiones así fomentadas, por la percepción que manejamos desde la calle y desde la confrontación, que significan una minúscula partícula de poder, no constituyen mas que el espacio de maniobra que sostiene al viejo poder, eso si de la confrontación no surge la den uncia del viejo poder.Se necesita un liderazgo para este movimiento
La dispersión popular se podrá combatir con una línea política común, que le inculque a las masas que su vida cotidiana llena de problemas y reveses (falta de agua, de medicinas, etc.), en el marco de la crisis general del sistema es de origen social, y política cuya responsabilidad es del sistema agotado que persiste, lo que obliga a la politización revolucionaria de las masas, orientando a que estas conduzcan su lucha por los problemas que las agobian directamente a las autoridades responsables.
La aplicación de las tareas de la táctica en su intención generalizadora, -a partir de los problemas particulares- permitirán la formulación de un Programa Común. Este programa común debe contener la propuesta para cada aspecto específico, pero vinculado con el abordaje de los grandes problemas del contexto nacional.
Lo anterior permitirá la solución de los aspectos particulares específicos, partiendo de la fortaleza que nos da el manejo apropiado de aspectos generales, como son: la propiedad colectiva del Canal y la propiedad colectiva de los fondos de pensiones de la Seguridad Social. Esta fortaleza debe ser puesta de manifiesto para que podamos defenderla, en base a un rasgo que debe apuntar a la intensificación de la participación popular en defensa de todo lo que tenga naturaleza colectiva. Partiendo de que ello es esencial para la construcción de un modelo económico alternativo de carácter mixto, con participación del capital privado progresista, estatal y cooperativo, para lo cual hay elementos ya surgentes, como la propiedad del Canal y de la Caja de Seguro Social, entre otros.
Esto dará fundamento a las tareas para lograr construir un nuevo tipo de Estado, que por su carácter se basará en la constitución de un patrimonio colectivo, sobre el cual se construirá una economía mixta privada, cooperativa y estatal. Este patrimonio deberá ser defendido contra las codicias internas y externas. Esta defensa retratará el carácter nacional del movimiento popular; la creación participativa de esta salida definirá su carácter democrático; y por su intención dibujará su carácter popular.¡POR UNA TACTICA ÚNICA PARA EL MOVIMIENTO POPULAR!
¡ENFRENTAR LA CRISIS POR MEDIO DE UN PROYECTO POPULAR ALTERNATIVO, A
TRAVES DE UNA CONVERGENCIA DE LAS FUERZAS PATRIÓTICAS Y POPULARES
PANAMEÑAS!
Rubén Darlo Souza Batista
Por el Presidium del Partido del Pueblo
9 de Septiembre de 2002