La lucha continúa por el progreso nacional

Después  del desenlace de la confrontación por la reforma de la Caja de Seguro Social y donde el gobierno de “Patria Nueva”, pomposamente, se declaró victorioso como un rayo en cielo despejado, irrumpió la renuncia-denuncia del ex ministro de Desarrollo Agropecuario, Laurentino Cortizo, en medio de la negociación del T.L.C. con USA, disipando automáticamente todo ese humo de gloria oficial.  Esta acción del, Sr. Cortizo, puso al descubierto toda “la basura escondida bajo la alfombra”, de la que solo se muestra su parte visible llena de espejismo y de especulaciones.  Una de las revelaciones es la ficción de monolitismo, de liderazgo sólido y de unidad de acción del actual gobierno.  Lo que queda claro ahora es que esta administración de “Patria Nueva” es una “olla de grillos” en la que, hasta ahora, predomina la orientación de conciliación hacia el entreguismo pero que, a la vez, hay confrontación interna ante ella. Otra de las revelaciones, es el grado de compromiso que tiene el gobierno con una política, de desarrollo económico ecléctico, pragmático y sin principio en los auténticos intereses del progreso nacional.

El episodio que aquí nos ocupa ha desembocado en una polarización social.  Frente a este deslinde, en el seno gubernamental se ha producido una reacción patriótica, multisectorial y popular que se ha sumado a la posición de defensa del mercado interno, del desarrollo nacional y de los productores agropecuarios quienes, hasta ahora, han encabezado la resistencia a la codicia y tacañería de las autoridades norteamericanas en las negociaciones del T.L.C.

Los negociadores  norteamericanos -fieles a sus intereses políticos de gran potencia imperialista, a sus intereses económicos monopólicos y en la bilateralidad con Panamá, a su costumbre centenaria de obligarnos siempre al obediente “yes man”-, saben perfectamente lo que buscan en estas negociaciones y desde sus principios actúan hacia objetivos claramente precisados estratégicamente. La posición estratégica norteamericana se enfila hacia un mundo, donde su hegemonía ya está mediatizada por el nuevo coloso socialista que se yergue en China. En esa misma forma, los norteamericanos negocian tomando en cuenta las conmociones sociales y estatales que sacuden su traspatio latino-americano, sobre todo en América del Sur.  Su plan “Alca” ha fracasado y ha optado por los TLCs bilaterales y sub-regionales bajo la esperanza de imponer sus intereses globales gota a gota. 
En la escala   bilateral con Panamá, los norteamericanos han calibrado muy bien nuestro valor estratégico en este nuevo mundo que está surgiendo y en el que viéndonos siempre como su presa, no están dispuesto a perderla. La presencia de China comunista en Panamá,  en un incremento gradual y sostenido, crea una excepcionalidad estratégica en el conjunto de las relaciones que ellos desarrollen con el resto de América Latina.  El desarrollo de las relaciones de Asia con la América atlántica y caribeña constituye un hecho premonitorio, en el sentido que el poder monopólico que Estados Unidos ha tenido en Panamá en el siglo XX ha comenzado el viaje a su desaparición.

Este es el interlocutor,  con sus ambiciones, desesperaciones y miedos que los negociadores panameños tienen en frente.  Por eso, si los negociadores panameños deben negociar desde los intereses legítimos de este país, tienen que ubicarse en las tendencias generales del mundo real, tienen que conocer los apuros, necesidades y debilidades de la otra parte y tienen que sentir y saber que también nosotros existimos en este mundo, que somos una partícula componente del mismo y, en consecuencia, tenemos nuestra propia identidad y nuestras propias oportunidades y aspiraciones. A la altura en que existe la Nación, después de 1999, raya en la traición o en la ingenuidad infantil seguir siendo el “Alter Ego” (el otro yo) de los monopolistas norteamericanos.  ¡Tremenda ridiculez!

En este contexto, los panameños tenemos que ser conciente de nuestra existencia de país empobrecido, explotado y atrasado por la política de saqueo y opresión de la potencia norteamericana.  Más de un siglo explotando gratuitamente recursos naturales como el agua para el Canal, para la grandeza del imperio norteamericano, no nos dejarán mentir.  Las negociaciones sobre el T.L.C. se dan, entre un país rico -cuya hegemonía dominante se hizo a costa de la explotación de otros pueblos- y  Panamá,  objetivo también de esa depredación.  Es una negociación, cuyo marco real es la desigualdad y su premisa es una mesa de explotado y explotador.  En esta realidad, hablar de negociaciones equitativas y recíprocas, el “da y quita” es una burla trágica a la nación panameña y, por repercusión, los que nos representan hacen una payasada, por creer que están en una negociación de intercambio, cuando en realidad  nosotros somos cobradores naturales y lógicos de los EEUU, por todo lo que ha costado a la nación la tutela y la enajenación de nuestras riquezas para hacerlos más grandes y prósperos a ellos.

Esta posición   y este reclamo les parece a muchos, fantasioso e irreal porque no se han liberado de la idiosincrasia servil y fatalista, en el sentido que nuestro porvenir sólo está garantizado por el paragua yanqui. Esos que piensan así han perdido la brújula de la contemporaneidad y, para desgracia de nuestro pueblo, esas mentes y criterios siguen dominando la dirección del Estado y conducen al país a jugar el papel de celestina de la política contra-revolucionaria de Bush en América Latina.

Los panameños debemos buscar otras opciones, conforme a los virajes de la realidad contemporánea y de acuerdo con la revalorización que esos cambios provocan sobre la utilidad de nuestro istmo.  Esto obliga a cambiar el tono con que se hable a los norteamericanos, poniéndoles por delante que vivimos en una situación mundial nueva, que nos da alternativas y, a la vez,  restregarle sus debilidades, sus frustraciones y fracasos, situación que nos facilita una diversidad de opciones.  Hay que ir a las negociaciones del T.L.C. con un plan B.

Si este gobierno no quiere, que la polarización social se derrame al terreno del descontrol en este episodio del T.L.C. con norteamérica, debe convocar ya a un diálogo pluralista y participativo con poderes deliberativos para elaborar ese plan B  y no seguir haciendo lo que ya se ha anunciado, de acomodar el punto que impide el acuerdo sobre el aspecto fito y zoo-sanitario. Lo que se debe eliminar es el documento que, fuera del acuerdo público, encierra el verdadero espíritu truculento de lo que se negocia en forma oculta, como el ejemplo de la Enmienda De Conchine y otros documentos adicionales del Tratado de Neutralidad.

En el Gobierno, los “cráneos y estrategas” del acomodo, como en el caso de los polígonos contaminados, llaman “creatividad” al pretexto de evitar la confrontación.  El único resultado de esta línea conciliadora con el imperialismo es seguir siendo más lacayos que antes, menos libres y más pobres.  Frente a esta perspectiva adversa, se reconoce que el amplio abanico de protesta nacional encierra el germen de una vasta inquietud policlasista y patriótica, que viabiliza refundar un Estado de Democracia Nacional como lo requiere el conjunto de la sociedad panameña.