Posibilidades del Movimiento Popular
En el deslinde sobre la Caja de Seguro Social
Los días que hemos vivido desde finales de mayo hasta el presente no han sido sorpresas para EL Partido del Pueblo. Ya desde el Pleno de agosto 2003 planteamos en sus tesis, “las posibilidades reales de integrar un movimiento popular convergente y alternativo a partir de la crisis de la Caja de Seguro Social”. No somos agoreros que hacemos anuncios fatales ni profetas del pasado que se arrogan previsiones sobre hechos que ya no son novedades. Nosotros hemos fundamentado nuestras afirmaciones con el conocimiento científico que nos proporciona la ciencia histórico–social marxista–leninista y nuestra larga experiencia revolucionaria de muchas décadas.
Lo concreto y tangible es que el Gobierno de la “Alianza Patria Nueva”, encabezada por Martín Torrijos, osó pasar una ley sobre la Caja de Seguro Social como un acto de “valentía” pero que, en la práctica, le ha resultado una aventura que ha marcado el futuro de su mandato. Lo notable de esto es que ha sucedido a menos de 9 meses de asumir el poder. Esto pudo darse, porque la paciencia del pueblo estaba por estallar con cualquier chispa o porque la medida del Gobierno era tan absurda y torpe o por los dos factores juntos, precipitándose el descontento popular a un nivel de beligerancia masiva y de una convergencia, que en otras condiciones de pasividad sería muy difícil su logro.
Los resultados de la aventura de “Patria Nueva”
Estos son muy claros. Ni la “osadía” del Presidente ni el “patinazo” de sus asesores ni la prepotencia de la aplanadora de sus Diputados, han permitido que se salgan con las suyas. Todos ellos son responsables de este desastre para la gobernabilidad pues, en lugar de abrir una legítima participación a los panameños que deseen lo mejor para este país, se aferran al conocido “juega vivo” para seguir empujando el país de fondo en fondo.
Todo lo anterior hace suponer que, por la conducta de los rectores políticos de turno del país, estos no se han percatado que estamos en medio de una crisis social general que exige métodos transformadores, políticas realmente democráticas y populares y, sobre todo, una legítima identificación con los intereses reales de la nación, la que recién ha logrado alcanzar una alta escala en su proceso de independencia y soberanía.
Los acontecimientos presentes dejan, meridianamente claro, que la política de “Patria Nueva” encabezada por Martín Torrijos, esta divorciada de la voluntad popular y como consecuencia, se entrega a los métodos de Gobierno de la derecha-oligárquica, alejándose más de los intereses del pueblo y de la nación. Ante dicha política surge la interrogante de si también se va aplicar a los otros problemas en crisis, como: El desarrollo del Canal, el T.L.C. con E.U., el salario mínimo, la diversidad de problemas sociales que se han acumulado, la corrupción, los problemas incidentales con orígenes exógenos como, el encarecimiento del petróleo y sus efectos en cadena y otros.
Frente a ese panorama coyuntural, lo que se aprecia es una profunda polarización social que se proyecta al campo político expresado en el antagonismo evidente entre, por un lado, el pueblo y su demanda de protagonismo y de derecho deliberativo y, por el otro lado, el bipartidismo con su concepción y práctica excluyente y viciosa.
Dos intereses irreconciliables
El escenario político que se percibe tiene dos instancias. Una, la perceptible, es la que se refiere al problema crítico que presenta la C.S.S. y la propuesta gubernamental, que por absurda ha provocado una violenta reacción popular masiva. No obstante, esta confrontación tiene un fondo más duradero y esencial, lo que viene a constituir la otra instancia. Esta última se refiere a la crisis política que inició el proceso de derechización de los métodos de dirección del Estado, a partir de la invasión norteamericana del ´89 y de la inmediata restitución de la oligarquía en el poder para destorrijizar el país.
Mediante un convenio virtual prohijado por el imperialismo, para garantizar la gobernabilidad del país en el nuevo rumbo regresivo bajo la tutela oligarco-imperialista, surgió el nuevo eje de poder formado, de un lado, por la coalición de partidos oligárquicos y por el otro, por el P.R.D. No es casual que el siguiente gobierno que sucedió al instalado por la invasión, en manos del P.R.D. y encabezado por el Toro Balladares (1994), prosiguió el rumbo de la destorrijización e inició la institucionalización de los ajustes estructurales neo-liberales con lo cual se echó abajo algunos logros sociales importantes del Torrijismo.
La alternación del poder entre estos dos bloques políticos, ambos excluyentes, cupulares, burocráticos y antipopulares ¾características comunes de lo que devino en bipartidismo¾, fue seguida por el Gobierno arnulfista de Mireya Moscoso y el ahora integrado por “Patria Nueva”, alianza de la Dirección de centro derecha del P.R.D. con el Partido Popular (demócrata cristiano) también de centro derecha. Bajo esta última alianza, nuestra recién liberada nación continua prisionera por la atadura que implica esta lacra política.
Una visión estratégica
Es un error limitar la visión del momento a las circunstancias y a la vez ignorar sus premisas y sus perspectivas. Es lo mismo que ver el árbol con omisión del bosque.
La crisis política en torno a la C.S.S. es una manifestación parcial de la crisis política general, provocada por la persistencia en el poder de los intereses del bipartidismo y sus métodos anti-democráticos y anti-nacionales.
Las nuevas necesidades de la nación no encuentran eco en las autoridades que emanen del bipartidismo y la posposición de sus soluciones ahondan y complican la crisis política. El problema de la C.S.S. ha sido un detonante que ha puesto a la vista el grado de deterioro de la convivencia social y la degradación en picada de la autoridad que emana del bipartidismo. Todo ha entrado a un proceso de desorden, síntoma grave de una situación revolucionaria en maduración. En consecuencia, la crisis en torno a la C.S.S. a la vez que reclama soluciones inmediatas, simultáneamente es síntoma de la gravedad de la crisis de la nación por la descalificación acelerada de la autoridad, que solo puede ser resuelta con medidas transformadoras e integrales.
En otras palabras, las circunstancias políticas concretas que rodean la crisis de la C.S.S. tienen que considerarse también en una proyección estratégica. En primer lugar, estamos ante la exigencia de la renovación del Estado que corresponda a las tareas de su culminación como Estado independiente y soberano. Este nuevo Estado tiene que propiciar el desarrollo nacional multilateral e integral mediante una política social progresista y transformadora. También, tiene que consolidar la democracia real y no la declarativa, mediante la participación pluralista, en donde los trabajadores serán los nuevos ocupantes, en la Co-participación democrática de los espacios de poder, ahora en las manos exclusivas del bipartidismo, desde donde deben establecerse las nuevas relaciones correspondientes al Co-Gobierno. En fin, se trata de edificar un nuevo Estado que corresponda a la realidad nacional y que, según la Estrategia de nuestro Partido del Pueblo, es el Estado de Democracia Nacional pluralista participativa
Las manifestaciones espontáneas de las masas en las calles, frente a los métodos oficiales de imponer la ley que reforma la C.S.S., tienden a identificarse con la Estrategia de nuestro partido lo que crea un ambiente político favorable a nuestra orientación política revolucionaria.
Hay inconsecuencias en el uso dela estrategia
En la práctica política de nuestro Partido se han puesto de manifiesto serias deficiencias en cuanto a la aplicación de nuestra orientación estratégica. Además, se está aplicando a medias la táctica, pues se aplica al margen de la orientación estratégica. Como resultado se producen algunas deformaciones
Esta situación se agrava por la disolución estructural que aún se mantiene desde la invasión norteamericana. Este problema es más serio en los frentes de masas del Partido, ya que actúan con cierta autonomía, lo que facilita su alejamiento del centro. En cambio, en la poca organización vertical existente hay bastante consecuencia con la orientación estratégica, algo que no sucede con la organización horizontal, donde es más frecuente el “tacticismo” o sea, para decirlo como Lenin, “el movimiento es todo, el objetivo nada”. Esta distorsión es la base del oportunismo y nos presenta la necesidad de combatirlo como una de las tareas principales en el propósito de jugar nuestro papel histórico revolucionario en la presente situación de la crisis.
Alcance de la coyuntura
Como hemos señalado, en la confrontación originada por el método reaccionario del Gobierno de “Patria Nueva”, puesto en práctica con la imposición de la Ley 17 sobre la C.S.S., se desprende el resultado concreto, pero a la vez marca la significación proyectada para el devenir nacional.
En lo concreto, se refiere a los logros en torno a la institución especifica Caja de Seguro Social y, en general, a su influjo directo en el sector de la Seguridad Social.
No obstante, obligatoriamente hay otros efectos que son colaterales a lo concreto. El efecto político consiste en que en este episodio, el movimiento popular debe centrar su golpe para derrotar la orientación bipartidista de “Patria Nueva” y su método anti-democrático de Gobierno. La práctica de este momento ha demostrado que, solo la beligerancia general de las masas y su convergencia democrática pueden hacer cambiar favorablemente la situación política. En el proceso de maduración de la crisis, las prácticas de cabildeo por arriba en sustitución de las acciones de las masas son perniciosas.
El efecto económico consiste en que, se ha puesto de manifiesto ante el pueblo la necesidad de una orientación nacional legítima de desarrollo económico nacional y el rechazo necesario de las recetas neo-liberales impuestas desde afuera y diseñadas por los partidos del bipartidismo y los empresarios y tecnócratas comprometidos. Ante dos desafíos inmediatos como son: el T.L.C. con E.U. y la convocada ampliación del Canal, surgen oportunidades para que las enseñanzas que han emanado de la confrontación por la C.S.S. consoliden una posición consecuente con el interés nacional.
El efecto ideo–político de esta experiencia popular lleva a crear las bases para un movimiento político amplio, que converja como movimiento alternativo al bipartidismo trasnochado cuya desaparición es históricamente necesaria.
La tarea política seguir
Reiterando la visión de la crisis expresada a través del problema de la C.S.S. como un capítulo de una crisis política general del bipartidismo "implementado por los norteamericanos en componenda con la oligarquía hace más de 15 años", debe concebirse el trance presente como la continuidad de un proceso histórico en ascenso dentro del marco histórico de la culminación nacional por la vía democrática, cuya concreción actual nos obliga a renovar el Estado sobre la base de la Democracia Nacional Pluralista participativa y de proyección social progresista.
En consecuencia, para generar la fuerza social motora correspondiente debe, en primera instancia, formularse la orientación estratégica necesaria y basándose en ella concientizar a las masas. Estas son premisas obligatorias para formar el movimiento convergente y alternativo, a lo largo de todo el país. La experiencia política lograda en la confrontación por la C.S.S. ha dado un aporte político y organizativo decisivo dentro de esa perspectiva transformadora.
El papel y significación del partido en la presente situación y su proyección
Desde el Noveno Congreso nuestro Partido abrió la senda de su renovación, preservando nuestros principios marxistas-leninistas. Hemos sido fieles a esa decisión. Nos hemos sometido a las más diversas vicisitudes que ha implicado ese solemne compromiso que a su vez nos gratifica, esa lealtad, en la circunstancia actual, con la clara visión que tenemos de la realidad concreta de nuestro país y el mundo y de su perspectiva.
Muchos agoreros y charlatanes así como no pocos tránsfugas, declararon nuestra defunción. Pero, aquí estamos señalando el camino, marcando rumbos de progreso revolucionario.
Ese es el principal potencial que tiene nuestro Partido en las presentes circunstancias, en que el movimiento de las masas ha irrumpido a escala espontánea, ávidos de orientación ideo-política. .
Nuestro Partido atesora más de 75 años de experiencia revolucionaria que le concede una autoridad histórica que hay que ponerla en juego en la coyuntura actual. En la polarización objetiva que parte a nuestra sociedad en dos campos antagónicos, no podemos ser neutrales. Nuestra casta revolucionaria nos obliga a tomar partido al lado del progreso y de las fuerzas sociales que convergen en esa dirección. Ahora mismo, el dilema para nosotros es sí sé esta con la reacción o el progreso. En el aspecto político es si sé esta con los intereses del bipartidismo y sus métodos anti–populares y excluyentes o con la participación de las masas, exigiendo e imponiendo derechos deliberativos y de Co-participación. En el aspecto económico y socio-económico, sí sé esta con la línea neo-liberal del bipartidismo y del Gobierno de turno “Patria Nueva” o con las demandas de las masas de un rumbo de desarrollo Nacional legítimamente patriótico y de justicia social.
Estas definiciones nos obligan en lo concreto, como partido, a definirnos ante la beligerancia efectiva de las masas y ante su alianza FRENADESSO. Nuestra posición aquí es revolucionaria y nítida, por encima del infundio.
La organización del Partido y el ajuste táctico
Nuestro Partido debe ayudar a garantizar la orientación estratégica y su difusión en el seno del movimiento popular. También, debemos hacer un esfuerzo para ayudar a la organización del movimiento de masa. En este trance, nuestro partido ha acordado pasar del reagrupamiento del partido a su reestructuración orgánica.
Esta decisión no se ha aplicado por diversos motivos, pero hay que iniciarla lo más pronto apoyados en la voluntad férrea de los cuadros responsables de esta tarea.
La lucha contra todo vicio disolvente hay que ponerla en primer plano para que nuestro Partido juegue, no solo su papel histórico de orientador revolucionario sino, además, el de organizador de la lucha transformadora de nuestra nación, la cual pasa por el rechazo de la recolonización del imperialismo yanqui y la derrota del bipartidismo y su influjo reaccionario.
Las condiciones objetivas se están desarrollando en las masas y esto favorece decisivamente nuestra misión.
Coordinadora General
del Partido del Pueblo
Sábado 30 de Julio de 2005