¡No a la demagogia electoral!
En la coyuntura política que está viviendo nuestro país, se reitera el principio en el que las fuerzas dominantes panameñas que han conducido y han administrado la República por más de 100 años: creen que lo que es bueno para ellos tiene, obligatoriamente, que ser bueno para el pueblo.
Lo característico del momento se sintetiza en que los males crónicos de nuestra injusta sociedad ponen con suficiente tangibilidad y crudeza su incurabilidad, como la educación, la salud, la vivienda, la pobreza, la corrupción institucional, el tutelaje norteamericano dentro del modelo social que impera por la crisis de su estructura. Ya no importa los parches que se les pongan a esas lacras, su deterioro empeora cada día. Parejo a esa situación familiarizada, se van agregando otros problemas que eran relativamente desconocidos como la inflación galopante, la escasez alimentaría, el crimen organizado a nivel nacional y con ramificaciones internacionales. Hay que sumar a estos problemas endógenos otros cuyas fuentes están en el mercado globalizado y que para los panameños, son imponderables, como el aumento incontenible del combustible y todo lo relacionado a la energética, la inestabilidad cambiaria internacional y los efectos perniciosos de la crisis financiera del mundo neoliberal. Es decir, el pueblo panameño está atenazado por la ancianidad del modelo social nacional y por la crisis neoliberal del sistema capitalista mundial y neoliberal.
El impacto que está compleja y dinámica situación origina es de sacudimiento social que desequilibra el orden imperante. Este es el marco socio-político y socio-económico en el que se ha anticipado el proceso electoral de 2009. Está claro que se vuelve a repetir la práctica institucionalizada de que solo tienen acceso a este torneo por el poder los partidos de las clases poderosas que forman la rosca “partidocratica” por medio del mecanismo bipartidista en el que se turnan intereses ligados a la oligarquía tradicional y a los nuevos burgueses burocraticos de “Patria Nueva” para gobernar el país. Las fuerzas populares independientes están excluidas de esa posibilidad por las argucias e impedimentos que impone la ley.
No obstante, este panorama electoral está fuera de la realidad política porque no refleja los cambios que por efecto de la crisis social se están produciendo en la conciencia social. Los politiqueros siguen pensando que con su discurso sofistico y demagógico van a vaquear al votante para su bando y su corral. No advierten que este país por influjo de la crisis estructural que nos sacude se produce un alineamiento en dos campos: los que se ufanan por preservar el viejo modelo y los que se están enfilando a cambiarlo de raíz. Y como este deslinde es consecuencia de la crisis social, al ella profundizarse el cisma social se va definiendo más. Un hecho que prueba esta afirmación es que mientras se ha desatado esa parafernalia electoral por el tumulto pre electoral de los partidos electoreros, a la vez este país se sacude debido a una ola de protestas empujadas por diversos motivos sociales en las que también participan parte del público que los politiqueros arrastran a sus actos proselitistas. Allí se refleja esa transición que va de esa docilidad política tradicional a la toma de conciencia y a la beligerancia de las masas en forma independiente.
Ahondar la tendencia de una nueva distribución de fuerza entre esos dos campos, que ya está en desarrollo, y desenmascarar el discurso electorero que ya campea desde la partidocracía para engatusar al pueblo debe ser la tarea principal del momento de tal manera que su resultado sea fortalecer el campo de la protesta diversa. La intensificación de la protesta debilitará el liderazgo de los políticos del status quo de la oposición y del gobierno y en consecuencia le restará fuerza política a las próximas elecciones, provocando un gran abstencionismo.
Elecciones habrá por el orden jurídico vigente y Presidente se elegirá.
Pero hay que preguntarse si es lo mismo un Presidente elegido por una mayoría del electorado o un presidente representante de una minoría electoral en medio de protestas populares generalizadas y ante una crisis estructural interna y externa profundizada.
Ruben D. Sousa B.