La Contradicción entre Ampliación
y Desarrollo del Canal
Conferencia dictada por Rubén Darío Sousa Batista
Introducción
Preocupados por el asunto de la Ampliación del Canal y la forma en que se difunde la información correspondiente hemos considerado oportuno expresar nuestras opiniones sobre el tema porque esto atañe a todo el pueblo y al destino de nuestra patria. Visto como problema, su solución no puede estar en manos exclusivas de cúpulas de notables escogidos de a dedo que piensan y deciden por los demás. La intención de Ampliar el Canal, llevada ya a nivel de proyecto bajo la forma de “Plan Maestro”, sigue siendo patrimonio de estudio y conocimiento de un círculo estrecho, metido en un estanco compartimentado de técnicos y profesionales. Gracias al instinto e intuición popular que lo lleva a sospechar de ese ocultamiento, provocando su reacción en forma de la factura del “No” en el obligado referéndum, se ha comenzado a soltar información fraccionada y de mercado que más bien lleva a la especulación y a la apología en lugar de a una reflexión responsable, profunda y nacionalmente integral.
Dimensión histórica del proyecto
El proyecto de la Ampliación del Canal nos plantea toda una temática nacional por su dimensión histórica y por su significado en el desarrollo nacional. Esto no se puede reducir sólo a un estudio técnico, financiero y comercial. Estos estudios que son obligatorios, son elementos instrumentales para hacer viable una obra cuya necesidad esté comprobada. No hay que olvidar, en ningún momento, que el sujeto de la Ampliación del Canal de Panamá es el pueblo panameño y no los monopolios norteamericanos ni las transnacionales, ni los navieros internacionales. Esos son clientes que necesitan de un servicio para el cual nuestro país tiene el potencial y las condiciones de prestarlo. Pero sólo habrá ampliación del Canal si el pueblo soberano así lo decide.
La decisión es del pueblo panameño
No obstante, al examinar el “Plan Maestro”, a lo que se le da relevancia fundamental es al aumento de uso, al máximo, de la capacidad del Canal actual, y a la ampliación de sus instalaciones para hacerlo competitivo ante los nuevos retos de la marina, y comercio globales. El mercado contemporáneo mundial impone mayor productividad al transporte marítimo para lo cual es necesario construir barcos más grandes, a la escala de los llamados Post – panamax. En este afán, los costos de transporte y el tiempo de viaje son decisivos para la elección de la ruta y modalidad preferidas.
Es así como el Canal de Panamá se proyecta como una pieza indispensable del desarrollo ulterior del comercio internacional en una región mundial en plena expansión que abarca a Asia, a Norteamérica, a Sur América, componentes todos, del Océano que será epicentro de la vida de mundo en el futuro, el Pacífico. Con ese único objeto, la ampliación del Canal consiste en construir un tercer juego de esclusas que dé paso a los barcos Post Panamax que doblan la carga de los Panamax y que ahora no lo pueden hacer por las actuales esclusas. Al lado de esas nuevas esclusas se propone la construcción de tinas para racionalizar el uso del agua, reciclándola. Además, ensanchar y profundizar ambas entradas del Canal. Ampliar el cauce de navegación en el Corte de Culebra para los encuentros entre esos barcos y elevar el nivel superior del lago Gatún. Con estas obras se busca doblar el volumen de tonelaje de las que actualmente cruzan por el Canal, de 260 millones. Así mismo elevar el tránsito de 13,000 barcos al año a 19,000. Para formular estos propósitos se realizaron 140 estudios interdisciplinarios que costaron millones de balboas.
El mismo paradigma
El contenido del “Plan Maestro” resultante, dentro de estos límites, en su concepción, tiene similitud con el paradigma que guió a los monopolistas norteamericanos en la construcción y operación del Canal actual. Fue exclusivamente una respuesta a las necesidades objetivas de la expansión capitalista en su transformación internacional, es decir, imperialista; fue una satisfacción a la demanda del capitalismo norteamericano de hegemonismo mundial y un eslabón requerido de la logística de la seguridad de Estados Unidos. El criterio que se siguió y dominó para construir el Canal fue el de usar nuestro Istmo como infraestructura de desarrollo y expansión de intereses económicos y políticos externos, en la época imperialista. Este rasgo se repite en el proyecto de extensión y ampliación actual del Canal. La diferencia sólo es de ocasión, pues en 1903, cuando se firmó el tratado Hay Bunau Varilla, su marco histórico era la internacionalización imperialista del capital y ahora es la globalización sistémica del imperialismo en transnacionalización.
Antes y ahora se posterga el interés nacional
Otra característica común entre el antes y el ahora, y que para nuestro pueblo es lo fundamental, es que en ambas situaciones se posterga el interés nacional a un plano subalterno, tangencial y vecinal. Realmente esta fue una forma piratesca en que los norteamericanos enajenaron recursos naturales de propiedad legítima de nuestro país y nuestro pueblo, para fines externos y hegemónicos. Para la construcción y utilización del Canal usaron su condición geográfica competitiva como su configuración ístmica; su topografía; sus condiciones climáticas de trópico húmedo; su riqueza hídrica; su biodiversidad; su relativa estabilidad geológica; su posición estratégica entre los dos grandes océanos del planeta; sus grandes espacios baldíos por la escasa población; etc., etc. En los 85 años de vigencia norteamericana en el Canal todos estos recursos fueron usados gratuitamente y marginalmente al desarrollo nacional. Este vicio se repite en quienes están diseñando el nuevo proyecto sobre el Canal, ignorando que ahora el territorio íntegro y el Canal son propiedad auténtica de la Nación, por lo cual obligatoriamente, en primera instancia, tiene que entrar a formar parte de la infraestructura del desarrollo nacional. Panamá no puede seguir privándose de ese factor infraestructural que, a pesar de todo, caló la configuración del estado nacional, marcando su destino y modelo productivo de servicio y comercio, a tal extremo de convertirse en lema del Escudo Nacional: “Pro Mundi Beneficio” .
Se niega el valor económico estratégico
La gratuitidad del uso de los recursos naturales de Panamá se reitera en el nuevo proyecto, ahora hecho por los panameños, con lo cual se niega su valor económico estratégico, necesario para el desarrollo nacional. El peaje solo cubre el valor agregado incorporado a esos recursos, a través de las instalaciones artificiales que garantizan el funcionamiento eficaz y eficiente del Canal. Al sostener que el Estado nacional panameño surgió bajo el impulso externo, determinado por los intereses del capital monopolista internacional que hizo posible el Canal, su modelación como sociedad y nación correspondió a la imagen que a ellos les convenía. “Por eso, el desarrollo lógico que ese impulso originó puso en la vanguardia las ramas de servicio y comercio y dejó a la zaga, las ramas de la producción material. Con este estigma, que ha perdurado por más de un siglo, que es la edad de la República, se conformó nuestro modelo nacional y la vía y carácter del desarrollo de la nación panameña.
¡Desarrollo ¡a favor de quien!
En consecuencia, no se puede decir que en Panamá no ha habido desarrollo. ¡Ha habido!. Pero lo que hace el problema son las preguntas: ¿a favor de quién?; ¿Cuál es su resultado social? El Canal de Panamá ha sido una arteria que ha contribuido enormente al desarrollo económico y social del mundo, poniendo a su servicio sus excepcionales recursos naturales gratuitamente. Pero, consecuentemente a eso, el país no ha sido compensado para su desarrollo auténtico, armónico con sus vocaciones productivas naturales. Los recursos naturales de un país son sus activos objetivos para desarrollarse como sociedad progresista, próspera y justa. Es la fuente de su progreso. Al comparar este anhelo con el desarrollo que nos han deparado los intereses que han prevalecido sobre el Canal, tenemos que convenir que esa modalidad de desarrollo que se nos impuso, no ha sido progresista sino socialmente regresiva.
Hoy estamos ante hechos que nos indican la involución de nuestra sociedad con respecto a lo que debió ser nuestro progreso social en la medida de nuestra singular potencialidad natural. Seguimos siendo un país bajo en ingreso per cápita, de baja productividad del trabajo, bajo nivel de vida, factores estos que nos condenan a ser un país empobrecido con una de las brechas de desigualdad más grande del mundo. Esto sucede en escandaloso contraste con lo que sigue siendo la economía canalera, y lo que fue su territorio colonial, que se han jactado ambos de los niveles del primer mundo a costa de nuestros recursos naturales gratuitos. El istmo de Panamá tiene la virtud de predisposición económica múltiple. Su configuración de istmo interoceánico lo hace un país marítimo que se ha explotado hasta ahora, casi como monocultivo, con el Canal. Su ubicación como cintura de América lo convierte en encrucijada de tránsito internacional, con lo cual se nutre su inclinación de servicio y comercio. Su riqueza hídrica, forestal y potencialidad agrícola, lo convierte en un país viable para la agro industria. Sus variados recursos mineros le crean la posibilidad de convertirse en un país de economía minera. Sus 3,000 kilómetros de costa, sus cientos de islas, en los dos grandes océanos y sus 1,000 kilómetros de cordillera hacen de Panamá un gran destino turístico. Todos estos renglones impulsan a Panamá a ser un país industrial y no sólo de servicio y comercio.
El Canal nos puso decisivamente de espalda a esta perspectiva y por eso nuestro pueblo sigue siendo pobre en medio del potencial de riqueza que tenemos y del uso unilateral gratuito de nuestros recursos naturales por el Canal. Mientras no se establezcan los rumbos correspondientes a los verdaderos e integrales intereses nacionales esta situación seguirá así, para peor. Para salir de este círculo de pobreza en que estamos sumidos, se tiene, primero que todo, que construir una infraestructura de desarrollo nacional correspondiente a la coyuntura histórica que ha madurado y que marca la oportunidad real. Nada de improvisiones, de arbitrariedades y oportunismos demagógicos.
Fuerza motora de la conciencia nacional
La posibilidad la da el hecho de que ahora somos dueños soberanos de nuestras riquezas naturales y estamos obligados a ponerlas al servicio nacional. La oportunidad la da también el hecho de que el pueblo, por su pobreza y su sufrimiento, ha ido entendiendo que solo poniendo al servicio de la solución del problema nacional todos sus recurso naturales, puede salir adelante. En otras palabras, ha ido formándose una nueva conciencia nacional que se convierte en fuerza motora del progreso integral del país. Es una conciencia mas real y menos mesiánica con respecto a la expectativa que creó el protectorado.
Un canal para el desarrollo
Desafortunadamente, estos cambios en la conciencia del pueblo panameño no se reflejan en la dirección que emana del poder del Estado. Las elites políticas tradicionales que han monopolizado el Estado, no han cambiado su modo de pensar. Y los nuevos dirigentes que las relevan también siguen con los mismos patrones tradicionales de dirección. Por eso es que el enfoque que procede del Estado sobre el futuro del Canal, no se aparta del modo de pensar que dejaron los norteamericanos. Como orientación, esto marca una trayectoria que más bien aleja el Canal de los intereses auténticos del desarrollo nacional. Esto es así porque para los que impulsan los cambios venideros del Canal lo ven sólo como un gran negocio, tal como lo vieron los monopolistas norteamericanos cuando decidieron construirlo. En cambio, la necesidad nacional contemporánea objetiva, es convertir al Canal en parte de la infraestructura del desarrollo nacional, en base de la cual, venda servicios a la demanda internacional. Y a la vez, sea factor directo del Desarrollo Nacional. La fórmula ahora debe ser, que lo que es bueno para Panamá es lo que debe ser bueno para el Canal.
La ideología del despojo
La orientación ideológica que ha seguido nuestro Estado desde su fundación ha sido la nacionalista burguesa, dentro de los cauces que el colonialismo norteamericano consintió. Sus principios son los que han prevalecido hasta ahora en su evolución. En la recepción nacional de los bienes que traspasaron los Tratados Torrijos-Carter al Estado panameño, presidió su apropiación el nacionalismo burgués, consignándolo como derecho constitucional con la incorporación del Título XIV.
En virtud de esos tratados, los bienes de la Zona del Canal fueron nacionalizados bajo la forma de propiedad estatal. Sin embargo, los intereses del nacionalismo burgués, nunca reconocieron la naturaleza estatal de estos bienes y optaron por llamar al acto de nacionalización, “panameñización”. Fue una forma de cicatería de ese sector nacionalista de la burguesía que desde el principio se ingenió para someter a un proceso prolongado y gradual la privatización de esos bienes, desestatizándolos o lo que es igual, despojando al pueblo. Eslabón de ese tránsito privatizador, fue la creación de la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) por designio legislativo.
Un Canal para beneficio de Panamá
Actualmente, sigue dominando esa ideología nacionalista burguesa en su espíritu, acondicionada ahora por el neo-liberalismo y es la causa principista de que se conciba la Ampliación del Canal de la misma manera tangencial que se hizo en su construcción. Esa posición es antagónica con los reales intereses de nuestra nación, que ya no es ni tutelada ni ocupada militarmente ni semi–colonia. La Ampliación del Canal, tiene que corresponder al esquema que nuestro pueblo reclama y a las posibilidades legitimas que nuestro espacio natural posibilita y viabiliza. Tenemos que proceder con un nuevo lema: “Pro Panamá beneficio” siendo útil a la humanidad, pero en primera instancia a Panamá.
Cambio de rumbo
Por estas razones, la ampliación del Canal debe ser proyectada al desarrollo de las fuerzas productivas que garantice el desenvolvimiento integral de la economía nacional, haciendo énfasis en la esfera productiva, enormente rezagada, ante la esfera no productiva, como son los servicios y comercio. Las inversiones para la adecuación del Canal, deben orientarse para que la economía canalera asuma una parte necesaria y correspondiente para el desarrollo nacional.
El efecto de esas inversiones, debe rebasar los limites de la ampliación del Canal en sí e incorporar implícita y explícitamente la responsabilidad en el desarrollo económico y social de Panamá. En lugar de ser fuente de rentabilidad y de excedentes únicamente, asuma el papel también, que debió haber jugado desde el principio, de motor interno del desarrollo social y económico.
El proyecto canalero que se pretende, debe tener influencia inmediata y directa de desarrollo en la cuenca del Canal e indirectamente en el surgimiento de otros polos de desarrollo en el resto del país. En el caso de la cuenca, debe incidir en el desarrollo de los medios de producción y la fuerza de trabajo correspondiente. Sobre todo debe contribuir directamente a convertir el área en altamente productiva, en base a la agro–industria e industria y perfeccionar su función intermodal y sus actividades conexas.
Una cuenca para el desarrollo socio económico
En la inversión que se calcula para la ampliación, debe incluirse gastos infraestructurales en la cuenca para estos cometidos de desarrollo socio económico. Esto supone que esta inversión debe influir y promover la construcción de carreteras, puentes, aeropuertos, fuentes energéticas, almacenes, transporte, preparación y capacitación del recurso humano, salud pública, cultura general, sostenibilidad ambiental, etc.
El reto popular
Lo más importante de todo esto, es que la población de la cuenca, rural y urbana, no sea lesionada ni con el desalojo ni con la marginación. Que se incremente la justicia social y los derechos humanos y democráticos del pueblo. Que la titulación de tierras no sea un truco para desalojarlos mediante la compra – venta del suelo y producir la gran concentración territorial en lugares altamente rentables. Estos son los verdaderos retos que el pueblo panameño tiene que hacerle a los actuales diseñadores de la ampliación del Canal y a la dirección estatal. Este es el desafío popular a la ideología nacional burguesa.
Un solo interés socio político
La Ampliación del Canal está supeditada a una decisión que formalmente la tienen que tomar los panameños. No obstante, ella no se simplifica en un SI o en un NO. Esta decisión obligatoriamente está mediatizada por la diversidad de intereses que componen nuestra sociedad y que se resumen en las diversas posiciones ideológicas que están ya en plena confrontación. Hemos reseñado el papel que ha jugado el nacionalismo burgués en este asunto del Canal. A nivel de las fuerzas populares hay diversas tendencias de izquierda y de centro. Sin embargo, el proceso de la formación nacional a niveles de maduración, ha ido consolidando las diferentes posiciones populares en un solo interés socio-político que potencializa una convergencia hacia lograr un interés nacional único.
Obras de desarrollo en la Cuenca del lado Atlántico
La demanda de la población rural de “Costa Abajo” y la ribera occidental del Lago Gatún en la provincia de Colón, a la Autoridad del Canal, de hacer obras de desarrollo en ese sector de la cuenca del Canal en el lado atlántico, está señalando el camino correcto de cómo se debe abordar consecuentemente, con respecto a los intereses populares y nacionales, el proyecto de ampliación del Canal. Exige la construcción del tercer puente sobre el Canal en la vertiente caribeña que sirva de infraestructura para el fomento socio económico de toda esa extensión de la cuenca aludida y que ha permanecido marginada del progreso, casi aislada de la comunidad nacional y, por lo tanto, atrasada y empobrecida. Este ejemplo debe seguirlo todo el pueblo a la hora de decidir sobre la ampliación del Canal, incluyendo sus demandas socio-económicas, como uno de los objetivos de esa obra y como condición y contenido de la gran inversión financiera que ello significa.
La disyuntiva real
La verdadera disyuntiva que se plantea en el problema de elegir la orientación correspondiente, consiste en escoger entre la Ampliación del Canal a secas, únicamente, o la Ampliación del Canal como eslabón orgánico de la infraestructura del desarrollo nacional integral. En relación a esta escogencia, se erige una tercera opción que es la de rechazar la ampliación y que el Canal permanezca como está. Se trata de una posición de cuño conservadora, sustentada, por extremos fundamentalistas tanto de la derecha como de la izquierda. Hay sectores que se adhieren a esta línea, no por cuestiones de definiciones ideológicas sino por estados de ánimos de frustración o por temor. Un argumento fuerte para esa negación, entre los varios argumentos que se sustentan, es la gran deuda que implica esa ampliación que caerá sobre las espaldas del pueblo, aumentando la carga deudora a niveles imposibles. Por su parte, el temor se fundamenta en que, tal como se concibió la ley 44 sobre la cuenca canalera, lleva en sus entrañas el despojo de los campesinos dentro del área, su erradicación de su hábitat tradicional y un incremento de su pauperización. Sin duda que esta es la intención de esta ley, pero objetivamente tiene otra cara. Que al incluir las cuencas del Oeste del Canal a lo que ahora se llama “Cuenca del Canal” incorpora, sin quererlo, la responsabilidad de atender las exigencias que por derecho, reclamen, las masas que viven dentro de su circunscripción. Por eso, esas poblaciones deben adherirse a la exigencia de la ampliación del Canal con desarrollo socio económico popular frente a la ampliación a secas. La posición conservadora es trasnochada y es una distorsión de la voluntad popular y nacional consecuente. En relación al argumento de la deuda innecesaria, es una objeción que basándose en un hecho real, es unilateral porque lo que decide la inversión no es un capricho ni una arbitrariedad sino una necesidad. Sólo se hará si esa necesidad real existe y su satisfacción ofrezca los recursos para reponerla. La cuestión está en el modo financiero que se siga para hacer posible la respectiva inversión. ¿Por qué no explorar la viabilidad de pagar la inversión con nuestra deuda externa, o sea, monto de inversión y su equivalente en condonación de deuda externa? En manos del Estado y sus administradores está, en última instancia, la ejecución de la ampliación del Canal y su modalidad. Por su carácter doctrinal seguirá la línea de la ampliación por la ampliación en sí, como un gran negocio. Esperar un cambio de rumbo esencial es pedir peras al olmo. De este Estado no va a salir un viraje espontáneamente porque para eso tendría que renovarse primero. Tendría que convertirse en una Democracia Nacional de participación pluralista, compartiendo el poder con los trabajadores y comprometida con una política de justicia social y patriótica.
La respuesta esta en manos del pueblo
Se da la circunstancia de que la ampliación del Canal es un suceso inminente, más que todo, por la presión externa y la competencia. De esta manera su realización no puede estar supeditada a que cambie la naturaleza del Estado. En estas condiciones, la posibilidad de que la Ampliación del Canal se enfile hacia el desarrollo socio-económico directamente está en las manos de las masas populares. La iniciativa tiene que venir de abajo y derrotar el egoísmo de clase del nacionalismo burgués, excluyente y anti-democrático, así como el conservadurismo venga de donde venga. El pueblo panameño tiene que generar su propio paradigma, correspondiente a las legitimas necesidades de la nación y encaminarse por la senda que conduzca a la realización de sus ideales de independencia nacional, de cogestión, de prosperidad y justicia social. Así debe ser y derrotar el viejo esquema de pensar y de actuar.
30 de septiembre de 2005