Aló Mr.Bush ¡Abajo su impertinencia!

Los Medios de comunicación han difundido la noticia de que el Presidente Bush, líder de la reacción internacional, de la violencia punitiva y guerrerista, ideólogo de la derecha norteamericana y aspirante a emperador del mundo, ha decidido viajar a lo profundo del área latinoamericana considerada por los chovinistas norteamericanos, como su patio trasero, a comienzo del próximo noviembre. La ocasión y la trayectoria de su recorrido dista mucho de ser un paseo familiar, o una visita protocolar, o de cortesía. Al principio va para Mar del Plata, Argentina, a la Cumbre de las América donde espera el ALCA. Después saltaría al Coloso del Sur, Brasil, en donde se ha posado por su influencia, la línea divisoria de las opciones latino–americanas de seguir el rumbo lacayuno tradicional o pasarse al campo de la verdadera independencia e integración legítima. Pero, lo que realmente surge como “alto relieve” de esta gira es su escala en Panamá, la cintura de América, uno de los países más pequeños del Continente, pero que en este panorama del viaje, perceptivamente origina muchas preguntas y crea muchas sospechas.

Por las penalidades que sacuden al mundo, por las grandes incertidumbres que estremecen a EE.UU. y por las afanosas búsquedas independentistas que se incrementan y profundizan en el sub-continente, se pone de manifiesto, lógicamente, que Bush viene a pasar revista de la situación en su área trasera y sobre todo, a verificar sus fuerzas de apoyo y alinear a sus sirvientes en la Estrategia de guerra preventiva, de la seguridad geopolítica norteamericana y de obediencia absoluta a los dictados neo-liberales del “Consenso de Washington”. En la escala latinoamericana significa la organización de una coalición política y militar para parar la voluntad libertadora y de justicia nacional y social de sus pueblos. Se trata de la manifestación reaccionaria de la crisis mundial y continental del sistema capitalista en su etapa transnacional.

La inclusión de Panamá en el listado de visita de Bush, lejos de ser una virtud para nosotros y un privilegio respecto a los países subdesarrollados y empobrecidos, como lo han juzgado desde temprano los cipayos y sirvientes panameños, es para arrastrar a nuestro país a coludir contra las transformaciones progresistas inevitables del mundo, a través de la particularidad latinoamericana. Panamá reúne las condiciones apetecidas por los monopolistas yanquis, aparejados con Bush, para hacer de ella una pieza indispensable en su maquinaria infernal de dominación mundial. Nuestro país ofrece las posibilidades de tener acceso a todo el Caribe y a la parte caribeña de los países andinos donde está Venezuela que abre otro espacio revolucionario, después de la gloriosa Cuba revolucionaria y la vecindad de Colombia donde se desarrolla una guerra revolucionaria invencible. De la misma manera, simultáneamente, da la posibilidad de tener contacto directo con el Pacífico que se yergue como el poder del futuro y, sobre todo, contrarrestar la expansión de China Comunista potencia de este Océano que ha tomado posición profunda en el área Canalera. Este es un suceso que tiene alarmado a los fundamentalistas de la reacción norteamericana.

No obstante, ese espíritu entreguista de la oligarquía panameño que EE.UU. siempre encontró, cultivó (y se acostumbró a él), hoy en día carece de la autoridad de antes y está mediatizada por el despertar de la conciencia nacional que impetuosamente surge en la esencia del Pueblo. Ya este no es el país de 1903. Además aun está abierta la herida que la criminal invasión infirió a nuestra nación en 1989. Por otro lado, hemos recibido como herencia colonial la contaminación con químicos, explosivos y posiblemente con radioactividad de miles de hectáreas localizadas en el área territorial de más alto valor de la República y el Gobierno Norteamericano se niega a sanearlas. En este marco, nuestro país se debate en la pobreza y la desesperación económica y social, afectado por las imposiciones neoliberales que vienen del poder norteño.

Está claro que el pueblo y todos los patriotas panameños tienen mucho que reclamar a este “predestinado” del mal y de la opresión y a los intereses que representa. Nos deben el uso gratuito de los recursos naturales con los que construyeron, funcionaron y protegieron el Canal por 85 años para su exclusiva grandeza. Nos deben las indemnizaciones por las destrucciones de bienes y cientos o miles de vidas con la invasión También, siguen vivos dogales colonialistas y neo-colonialistas que de manera manifiesta o disimulada están contenidas en el Tratado de Neutralidad como si fuera poco. Estamos bajo la presión de un proyectado Tratado de Libre Comercio para que concedamos a los intereses norteños el rol de nación mas favorecida en las obras que se realicen en la pretendida Ampliación del Canal, por encima del empresariado panameño. En igual forma exigen desproteger nuestro sector agropecuario para inundarnos con sus productos ampliamente subsidiados.

Según las declaraciones del Canciller panameño, la Agenda del encuentro de Bush con los anfitriones de turno locales, omite todos estos temas calientes para la existencia nacional en el marco de las relaciones nuestras con EE.UU. Lejos de conversar con los norteamericanos, con los métodos y estilo Torrijista sobre la base de nuestra realidad y necesidades, se vuelve al viejo modo oligárquico de sumisión al postrarse ante los pedidos arbitrarios del amo.

Pero, Bush debe saber y ver con sus propios ojos, que Panamá ya no sólo está poblada por indignos, sino que hoy hay dos Panamá: el genuflexo tradicional y el nuevo Panamá rebelde ante la parte vergonzante de nuestra historia y que asume creciente y aceleradamente su rol de fuerza dirigente. Esto significa que hay otra “mesa” protagónica que la tienen que oír y atender o se hará oír por el camino inevitable de la justicia y la razón tipificadas por las masas cuando son ignoradas.

La estruendosa voz de los de a pie y de todos los patriotas panameños deben romperle los tímpanos a Bush y enseñarle al mundo, a la vez, que en Panamá también soplan ya los ventarrones que se están convirtiendo en huracanes en otros confines de América latina. Quedó atrás el tiempo en que solo una voz podía tener eco en Washington.

Rubén D. Sousa B.
Coordinador General del Partido del Pueblo
Panamá, 18 de octubre de 2005


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