Esta crónica en tiempo de versos pertenece a la obra "Crónica de siete nombre memorables"
de Changmarín, escrita en ocasión del 50 Aniversario de la Fundación del Partido Comunista
en 1980.
Pero así y todo el guerrillero de las piedras,
Más cuando ya estaba abierta la promesa
En el Hotel Washington, los verdugos
Juan Navas
se parecía a Prestán, en su bravura;
por eso,
el nueve de enero del sesenta y cuatro,
el yanqui clavó en su cabeza una metralla.
el insurrecto,
el estudiante andaba
como protesta viva ante la muerte
y lo salvó la ideología.
de sus manos, como la flor del lago,
al día siguiente
de su regreso de Moscú,
en Colón, ciudad de los marinos,
en las afueras,
en la carretera interoceánica,
tendido, como la sombra
lo hallaron muerto las gaviotas.
se bebían la última gota de sangre.
Después ardió Colón
para tapar las huellas.
De la Embajada norteamericana
llamaron al Presidente y se montó la farsa.
La policía secreta, borrando el nombre de Juan
dijo: - uno menos...
Pero el pueblo entero contestó:
- Cien más.