A veces, en las altas noches,
después de las faenas militantes,
se oía la voz
de la brigada, en lo profundo:
Al Partido, salud...
Aquí está la juventud...
Demóstenes Rodríguez,
era un muchacho delgado
con sus puños del arrabal
y voz de aurora,
y también tocaba la guitarra...
Quería su patria verde, con canciones.
Quería el mar y el Canal, pero sin gringos.
Quería el duro trabajo, pero sin amos.
Quería la unión del pueblo, sin traidores.
Pero esa tarde no cantó el muchacho.
En la Universidad sonaban otros sones.
El defendía la causa, sobre todo,
y le rajaron la guitarra de su vida por el medio.
Cayó como un manifiesto mimeografiado en sangre,
a los pies de su novia transparente.
Y lo envolvieron en la bandera de la patria
Y a pesar de su muerte y de los gritos
en la alta niebla, de su tumba fresca,
los compañeros de la brigada lo lloraban,
y brotaba de la tierra una guitarra inmensa,
con la luna cuadrada de los cuatro vientos,
y una voz de caracol decía Demóstenes..
-Presente...
Y al Partido Salud,...
Aquí está la juventud.